jueves, 9 de febrero de 2012
Entre Gila y Clint Eastwood
jueves, 24 de noviembre de 2011
Lo cotidiano no es el torrente sigiloso de lo desconocido, no es abrir el sobre de estampitas de la Liga 90/91 para saber si saldrá el cromo que te falta. Pero es que eso, la sorpresa, los fuegos artificiales, el hombre orquesta y la supermodelo de revista; eso no es amar.
Amar es quita los pies de la mesa, que te lo he dicho mil veces. Es donde andas que he llegao a casa y no te he visto y me he preocupao. Es que te he comprado el jengibre porque te gusta o mira que te tengo dicho que la lila sólo se riega una vez por semana.
Para amarse, hay que caerse no del todo bien. Y gastarse un dineral en cromos.
jueves, 17 de noviembre de 2011
Madrid de frío, indiferencia y elecciones
Querido Jordi,
viernes, 4 de noviembre de 2011
El Viajero
Sube al tren con un maletín de los que regalan en los congresos de cirujanos. Lleva bajo el brazo una chaqueta estampada que quizá un día, hace años, fuera de su talla. Hoy ha dado de sí, o él ha encogido, y la anchura excesiva de las hombreras le crea un gran vacío debajo de sus ropas que le hace parecer aún más enclenque, como un monigote.
jueves, 13 de octubre de 2011
La poquita de agua
Continuó rellenando tuppers con cuidado de no quemarse las manos, emparejando cada uno de los letreritos que había escrito en el salón mientras veía el telediario. Algunos de los cartoncitos tenían pequeños garabatos, borrones. Se ve que todavía utilizaba los bolígrafos de propaganda que nadie sabe de dónde salen. Esos que de repente dejan de funcionar a mitad de la frase y te obligan a emborronar con un garabato toda la hoja para que vuelvan a pintar.
Cocido, con su tapadera. Carrillada, su tapadera. Carne en salsa, la suya. No debía ser difícil, todos estaban contados. A cada recipiente le correspondía su contenido. Y a cada contenido, su tapadera.
Conforme los guardaba en el congelador, se imaginaba a la niña –o al niño- abriendo uno cualquiera para solventar una comida que no tuvo tiempo de preparar, o una cena tardía de cuando todos los supermercados ya cerraron. Le gustaba imaginárselos sonrientes, acercando la nariz al plato y volviéndose a sentir niños de olores, de uniforme en el cole y cuchara agarrada con el puño que casi no cabe en la boca.
Para cenar era mejor la carne en salsa, o las albóndigas. Hacía muchos años, ella misma le ponía unas pocas albóndigas troceadas con patatas fritas por la noche. Siempre rebañaba y rebañaba hasta dejar el plato reluciente; lo llevaba a la cocina y le decía “mirá, pa que no tengas que fregá”.
El niño llegó a buscar los tuppers el domingo a última hora. Sin ningún cuidado, los metió en una bolsa cualquiera y casi los tiró a su mochila antes de salir corriendo. En el viaje todo el vagón olía a cocido y pringá, por su falta de cuidado.
A los pocos días, sucedió que una desconocida paró por su casa quién sabe en busca de qué iba, si la llevó la curiosidad o estaba de paso. Él no tenía mucho –no tenía nada- que darle de comer, hasta que recordó el puñao de recursos que tenía en el congelador. Sacó uno al azar y leyó para sí: “lentejas, echarle una poquita de agua para calentarlas”.
Él sonrió, puso agua. Y las compartió con ella.
viernes, 9 de septiembre de 2011
La memoria de la plaza

miércoles, 25 de mayo de 2011
Emilia Carolina Diaries: Normative conclusions about transportation in Montreal

I have realized that the use of a pedal-driven, human-powered, single-track instrument having two wheels attached to a frame, one behind the other named bicycle (although in other languages it may also be known as bicicleta) gives me the sexy appearance of a civilized citizen.
I want to make clear that I do not meet however such high standards for the following reasons:
I am unable to circulate. I can only compete.
When I compete I can either win or loose.
If I win, I put myself in serious risk because I raise my hands and make the sign of victory, forgetting about cars and traffic lights.
If I loose I get annoyed, and I generally loose.
If I loose against elderly, fat or ugly people, I get really mad.
No matter whether I win or loose, I get exhausted and sweat.
I sweat a lot.
I also swear and spit on car drivers and other passers-by, using a very sophisticated French slang so that I make myself understood.
All that was yesterday: today I have an awful pain in my butt. I simply cannot ride anymore.
That evil instrument should be taken out from the streams of commerce and abolished



